Teoría de la catarsis.
Las frustraciones generadas en el
curso de la vida cotidiana se alivian mediante la participación por
"intermediario" en la agresión ajena. "El acto de presenciar
contenidos violentos en televisión, o de leer noticias consideradas como
agresivas, aporta al público experiencias agresivas indirectas, que sirven como
vehículo inofensivo para aliviar sentimientos de hostilidad".
Teoría Categorías sociales.
Las
categorías sociales en las sociedades complejas producen distintas subculturas
a medida que sus miembros crean y comparten creencias, actitudes y modelos de
acción que satisfacen sus necesidades y contribuyen a resolver sus problemas
específicos
Las diferenciación de actitudes dentro de los miembros de la audiencia puede ser clasificada en conforme a grupos sociales de características compartidas que manifestarán una conducta similar ante los mensajes mediáticos.
El público posee características no solo personales sino también sociales, y parte de su conducta se ve influida por dicha dimensión. Paul Lazarsfeld observará que los efectos de los mensajes están fuertemente condicionados por el contexto social al que el individuo pertenece, lo que significa que el modo en que se produce la valoración de un mensaje se haya incidida por la influencia que otros significativos ejercen sobre el individuo. El público posee características no solo personales sino también sociales, y parte de su conducta se ve influida por dicha dimensión.
Las diferenciación de actitudes dentro de los miembros de la audiencia puede ser clasificada en conforme a grupos sociales de características compartidas que manifestarán una conducta similar ante los mensajes mediáticos.
El público posee características no solo personales sino también sociales, y parte de su conducta se ve influida por dicha dimensión. Paul Lazarsfeld observará que los efectos de los mensajes están fuertemente condicionados por el contexto social al que el individuo pertenece, lo que significa que el modo en que se produce la valoración de un mensaje se haya incidida por la influencia que otros significativos ejercen sobre el individuo. El público posee características no solo personales sino también sociales, y parte de su conducta se ve influida por dicha dimensión.
Teoría centrada en el mensaje.
Enfoque centrado en el mensaje
mismo, en su estructura interna y procedimientos transmisión significados.
Importante conocer los procedimientos por los cuales las audiencias “leen” y
“descodifican” mensajes medios comunicación. ( texto = elemento – oscuro. +
concreto+ fácil de estudiar (se fija, se hace público y se transmite según
reglas, cuidadoso análisis nos permite deducciones sobre cultura,
significación, objetivos y usos/efectos). Puente entre sociología-ciencia
política-humanidades.
Orígenes estudios “textos” mass media
complejos, lingüística general y semiología (ciencia general de los
signos)) --> mayores progresos obras (Barthes (1972)
y Eco (1977).
Teoría de fondo: ya que reglas lenguaje delimitadas por estructura cultura, todo texto tiene interpretación preferencial (“podemos entender el significado si conocemos las reglas”).
Características de esta teoría:
1.Significado puede interpretarse mediante
2. No se ocupa del significado explícito (aparente, superficial), sino del latente (intencionado o NO).
3. No sólo a lengua escrita, cualquier medio para transmitir mensaje (sonido, imagen…)
Gran aceptación debido a que proporciona método para análisis empírico de la ideología. También éxito por combinar análisis cultural con sociología empírica (ambas se complementan, una instrumento para análisis cualitativo productos culturales (criterios estéticos y morales) y otra enfoque + sistemático (análisis objetivo).
Teoría de fondo: ya que reglas lenguaje delimitadas por estructura cultura, todo texto tiene interpretación preferencial (“podemos entender el significado si conocemos las reglas”).
Características de esta teoría:
1.Significado puede interpretarse mediante
2. No se ocupa del significado explícito (aparente, superficial), sino del latente (intencionado o NO).
3. No sólo a lengua escrita, cualquier medio para transmitir mensaje (sonido, imagen…)
Gran aceptación debido a que proporciona método para análisis empírico de la ideología. También éxito por combinar análisis cultural con sociología empírica (ambas se complementan, una instrumento para análisis cualitativo productos culturales (criterios estéticos y morales) y otra enfoque + sistemático (análisis objetivo).
Teoría corporativista.
Esta
tradición normativa es también llamada ‘corporativista’ o de alta cultura.
Esta
teoría ha predominado durante muchos siglos. Según ella en la sociedad hay una
estratificación jerárquica natural desde emperadores, reyes, aristócratas,
clérigos… hasta los agricultores y artesanos (‘gente de la gleba’), o desde los
caciques hasta el último de la tribu. En ella cada uno tiene un papel concreto
que realizar dentro de una cosmovisión
sacro-religiosa
(Menache, 1990) y racional. Lippman (1955: 81) dice que en ellas funcionan “las
leyes universales del orden racional”.
Esta
tradición ha sido la que más ha durado en la historia, y la que se ha usado en
más culturas. Fue defendida por grandes filósofos, como Platón, Macchiavelo,
Hobbes, Rousseau, y especialmente por Hegel (Rivers, Schramm, and Christians,
1980).
La
teoría crítico-cultural.
La
teoría crítica (McQuail 1994: 100) da paso durante la década de 1970 a la
teoría crítico-cultural en el ‘Centre for Contemporary Cultural Studies’ (CCCS)
de la Escuela de Birmingham (Inglaterra), que está representada principalmente
por Hall (1982).
Una de
las preguntas que se hacían en el Centro de Estudios Culturales Contemporáneos
era: ¿Cómo es posible que una élite continúe mandando en una democracia como la
inglesa? (ver McQuail, 1994: 100).
Teoría Crítica de la sociedad.
Su trabajo está orientado a poner los
fundamentos de la teoría social con los que busca analizar las sociedades del
capitalismo avanzado. Aunque el pensamiento de Kant tiene un remarcable lugar
en la obra de Habermas, el de Karl Marx desempeña un papel decisivo. El
estrecho vínculo entre una filosofía de la razón muy ambiciosa en términos
normativos y una teoría empírica de la sociedad es una característica del
pensamiento de Marx que Habermas hace suya y que lo distingue de otros
contemporáneos y, en particular, del sociólogo Niklas Luhmann y del filósofo
John Rawls, con quienes, no obstante, comparte preocupaciones comunes. La
integración de filosofía y ciencia social en una teoría crítica de la sociedad
es el rasgo distintivo de la obra habermasiana. Aunque Habermas se vale del
concepto filosófico de razón y lo emplea explícitamente en términos de
filosofía del lenguaje, lo hace para poder desarrollar una teoría social. Se
apoya en la idea de una completa transformación de la crítica del conocimiento
en crítica de la sociedad. De ahí, que resulte unilateral entender a Habermas
como mero filósofo de la fundamentación argumentativa y de la ética discursiva.
Teorías crítico-democráticas (marxistas y neomarxistas).
Se
vieron las reacciones sucesivas de cada nueva teoría contra la inmediata
precedente: la autoritaria, la liberal, la de responsabilidad social, la de
servicio público y el funcionalismo. En general daban preferencia a los
intereses individuales de los dueños de los medios y de los comunicadores
‘profesionales’. Poco a poco ellos mismos procuraban autorregularse con Códigos
de Ética nacionales e internacionales al estilo tradicional, en que se
proclamaba la fidelidad a la verdad, a la objetividad, a no aceptar sobornos…
Pero los excluidos seguían siendo olvidados y en realidad los medios no tenían
en cuenta a las minorías. Por eso surgieron nuevas teorías normativas: primero
la crítico-democrática y más recientemente la comunitaria.
La
teoría normativa crítico-democrática es de origen marxista. La teoría marxista
nació como reacción contra las teorías libertarias y de responsabilidad social
(Burgelman, 1986; cfr. McQuail, 1994: 73, 132). Se halló sobre todo
especialmente en parte de Europa y en los países subdesarrollados.
Según
ella, la concentración de poder social y económico y el control capitalista de
los medios masivos son los principales problemas culturales. El mercado libre
creó una concentración de poder a favor del empresariado. Este usa los medios
para imponer su ideología dominante sobre la gran masa, a quien pretende
convencer de que su único deber es trabajar y consumir (Cfr. McQuail, 1994:
76).
Esta
teoría 'crítico-democrática' tiene varias vertientes, a veces contradictorias
entre sí: la crítica (McQuail, 1994: 97), la crítico-cultural (McQuail, 1994:
100), la estructuralista (Curran et al., 1982: 23s), la teoría crítica
político-económica (Curran et al., 1982: 25s; McQuail, 1994: 82), la de
codificación – decodificación y la democrático-participativa o
democrático-liberadora (McQuail, 1994: 131-132). La primera enfatiza la
dimensión ‘crítica’ (siguiendo más la interpretación de las clases populares y
de su liderazgo, y las restantes enfatizan la dimensión participativa, activa y
democratizadora.
La teoría crítico-político-económica.
Ésta
arguye que las instituciones económicas, como las fuerzas del mercado y de la
acumulación de capital, son unos factores más fundamentales de control cultural
que las estructuras de pensamiento (Curran et al., 1982: 25s). El interés por
esta teoría ha crecido porque crece la concentración de los medios a nivel
mundial, crece la ‘economía de la información’ (Sussman, 1997) y desciende el
sector público de los medios por la desregulación, la privatización y la
liberalización (McQuail, 2000: 83).
Teoría de la comunicación y la información.
La Teoría de la
Información o Teoría de la Comunicación se creó en los años
cuarenta a partir de los trabajos de C. E, Shannon y N. Wiener.
En todo sistema de comunicación la información inicial se codifica y se
transmite en "señales". Estas señales se transmiten a un destinatario
o receptor, quien a su vez debe descodificar o interpretar la señal.
Generalmente el mensaje inicial o "input" no es totalmente idéntico
al final u "output", porque en su codificación, transmisión o
decodificación pueden producirse interferencias o "ruido". La Teoría
de la Información intentó crear un formulismo matemático para la descripción de
la información, la medida de la cantidad de información y su perdida en la
transmisión o comunicación. Aunque originariamente esta teoría tuvo su
aplicación en los campos de la radiotelegrafía y la radiotelefonía, la teoría
se aplicó también en psicología, fundamentalmente para la comprensión del
lenguaje y de la percepción.
Las teorías de comunicación en América Latina.
En
septiembre de 1974 el boliviano Luis Ramiro Beltrán decía que la influencia
predominante y más duradera en América Latina era la de la Europa clásica
(histórica, intuitiva, filosófica, especulativa y escolástica), y que se
hallaba presente sobre todo en los estudios de historia del periodismo y de la
legislación de la comunicación.
En
segundo lugar estaba la influencia de EE. UU. (Positivista, empìrista,
sistemática y funcionalista), especialmente presente en los trabajos
difusionistas de innovaciones agrícolas, y en la estructura y funciones de los
medios y de la comunicación educativa.
Finalmente,
estaba la influencia de la Europea
moderna (semiótica, estructuralista); ésta era la más reciente y la menos
fuerte, y se concentraba en los análisis de contenido (Fuentes Navarro, 1999:
54)
En
cuanto a los enfoques metodológicos, éste era el orden de importancia:
descriptivos (de situaciones y hechos), explicativos (que indaga en las causas
de los fenómenos) y predictivos.
Pero,
aparte de estas influencias, en los investigadores latinoamericanos, ya en los
años sesenta (1960-1970) se estaba
gestando por propio impulso una tensión (teóricometodológica) entre desarrollo
y dependencia.
En los
años setenta la tensión (más bien
epistemológico-política) era entre cientificidad y contribución al cambio
social (‘políticas de comunicación’,
etc.). Por su parte Martín-Barbero (1987) estudió el debate latinoamericano en
el inicio de los años 70.
En 1987
también Jesús Martín Barbero exigía ‘aceptar
que los tiempos no están para la síntesis’ y que teníamos que ‘avanzar a
tientas, sin mapa o con sólo un mapa nocturno… un mapa para el reconocimiento
de la situación desde las mediaciones y los sujetos” (Martín Barbero, 1987).
En esta
década ya se hacen presentes los Estudios Culturales (García Canclini, en un
artículo publicado en 2001). En los
noventa predominó la tensión entre abandonar las premisas críticas o
adaptarse a las leyes del mercado. (Ver, por ejemplo, en Esteinou, 1998). Por
un lado las temáticas asociadas a la ‘globalización’ y a las tecnologías digitales y, por otro, las
asociadas a las ‘identidades’ microsociales, exigieron la ruptura (o provocaron
el ‘desvanecimiento’) de casi todos los supuestos teórico-metodológicos,
epistemológicos y, sobre todo, ideológicos, que habían sostenido la
investigación de la comunicación en las décadas previas. En América Latina
pareció haberse perdido en esta década de los noventa la profundidad ideológica
y el poder de las creencias que orientaran las búsquedas del ‘sentido’ de la
comunicación. (Fuentes Navarro, 1999: 56). Héctor Schmucler (1996) anotó el
predominio del conformismo político-social entre los investigadores
latinoamericanos de esa década. Y tanto Martín Barbero como Schmucler vieron la
urgencia de una reafirmación ética (Fuentes Navarro, 1999: 57). José Martínez
Terrero - Teorías de comunicación 87
Hubo
dos libros que ejercieron una influencia destacada entre académicos e
investigadores de América latina durante la década de los noventa. Ellos fueron
Jesús Martín Barbero (1987) con De los
medios a las mediaciones y Néstor García Canclini (1990) con Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad) (Cfr.
Schmucler, 1996: 65-72).
Pero
Fuentes Navarro (1999: 59) prefiere el equilibrio, que consiste en entender la
tradición como punto de partida, donde enraizamos nuestra identidad, sin que
por ello quedemos prisioneros de su rigidez. Comprender la tradición es
construir un saber que no es estático ni definitivo.
Este
propósito general supone, entre otras
cosas, sustituir el concepto ‘comunicación’ como transmisión y circulación
social de ‘mensajes’, por un marco conceptual más complejo, alrededor de la
comunicación considerada como proceso sociocultural básico, es decir, como
producción en común de sentido. De hecho
los estudios culturales continuaron profundizando en América Latina
(García-Canclini 1997) (Ver también
Protzel, 1999, y Mattelart, Armand y Michele, 1997). Por su parte Martín Barbero (1998) siguió
presentando nuevos avances con su libro “De las hegemonías a las
apropiaciones”.
Teoría de la comunicación política.
Algunos autores, como el canadiense
André Gosselin (1998), consideran “que aún no se puede hablar de una teoría de
la comunicación política sino de una metateoría basada en ciertos objetos,
modelos y esquemas de explicación propios de la comunicación política”. Cuando
hablamos de Comunicación Política, sabemos que, conceptualmente, el término es
más amplio que el dedicado a los espacios netamente electorales y políticos,
sobre los que nos vamos a referir en este trabajo. Una aproximación a una
definición en tal sentido nos llevaría a decir “que hay comunicación política
cuando existe una intervención intencional sobre la eventual conducta del
receptor”. (André Bélanger, 1998). Definida de esta manera, la misma puede
situarse mucho más allá de los círculos políticos y penetrar en las relaciones
sociales más comunes como la familiar, la relativa a una pareja, la
institucional, la pedagógica, etc. Es decir, en todo tipo de relación en donde
esté en juego el poder de influir sobre otra persona o grupo, sea éste masivo o
no, a los efectos de influir en la acción u omisión de una determinada acción o
toma de decisión. Podríamos hablar, según Bélanguer, de un nivel de análisis
microscópico y uno macroscópico según se trate de una comunicación política
individual o grupal, o aquella en la que está en juego la llegada de un mensaje
a un público masivo.
El mismo autor, sitúa dentro del
proceso de comunicación política, diversas herramientas usadas alternativamente
tales como manipulación, incitación, amenaza, persuasión o hasta mandato”.
(Bélanguer, pag. 134 “Comunicación y Política”). En el presente trabajo, me
centraré en el concepto de persuasión aplicada a la comunicación política, como
herramienta básica para lograr un cambio de conducta (ajena) que favorezca el
objetivo del persuasor. Parafraseando a Katlen Reardon (1981), la persuasión no
es como muchos piensan, una actividad relativa a los carentes de ética, sino
que se sitúa como una forma de comunicación en la que participa toda persona
que entra en relación con los demás, en un marco social en el que todos
diferimos de nuestros objetivos y en los instrumentos utilizados para
conseguirlos. Por este motivo, entramos frecuentemente en conflicto y es allí
donde entra en juego la persuasión como ‘forma consciente de comunicación que
intentará convencer al ofensor para que redefina su objetivo o modifique los
medios para lograrlo’.
La teoría del cultivo.
La televisión lleva a los públicos una
visión del mundo, en la que implanta valores comunes, gracias a la
configuración de espacios homogéneos que son posibles a través la programación.
George Gerbner se interna en la investigación de las consecuencias que trae el
consumo de los medios, especialmente en los aspectos de la violencia consumida
masivamente.
La teoría del cultivo o teoría de la cultivación se aproxima a las audiencias y observa la dependencia del imaginario individual, del mundo personal, de los valores adquiridos a través del tipo de programas que se consumen de forma habitual.
Los resultados determinan que los cultivos sobre la percepción, están relacionados directamente con la intensidad de exposición ante el medio, con la manera en que estos afectan el comportamiento del consumidor mediático en concordancia con el grado de dependencia que se tenga a ellos.
La teoría del cultivo o teoría de la cultivación se aproxima a las audiencias y observa la dependencia del imaginario individual, del mundo personal, de los valores adquiridos a través del tipo de programas que se consumen de forma habitual.
Los resultados determinan que los cultivos sobre la percepción, están relacionados directamente con la intensidad de exposición ante el medio, con la manera en que estos afectan el comportamiento del consumidor mediático en concordancia con el grado de dependencia que se tenga a ellos.
Teoría de la cultura ritual y popular.
La teoría de la cultura ritual y popular se alimenta de diversos
aportes teóricos: el modelo de convergencia, el de rito y comunión, el de mito,
rito y foro público y el de la liminalidad. Por lo tanto toma de la
antropología cultural humanista de Clifford Geertz (1973), de Victor Turner
(1982a, 1982b), de Mary Douglas (Cfr. White, 1994a: 35), de Carey (1977, 1988)
y de Newcomb (1983) (Cfr. White, 1987).
Teoría culturológica.
La teoría culturológica, piensa que la
cultura de una comunidad es mucho más amplia que la que imponen los medios.
Sostiene que existen otros valores y otras instituciones mucho más importantes
en la vida cultural de una persona o grupo. Si bien los medios participan
en la producción de valores sociales, su poder no está directo ni tan
inevitable. También hay otros factores trascendentales en la vida de la gente:
la religión y el folklore, las reuniones sociales y los grupos políticos, las
tradiciones y las instituciones, los nuevos códigos entre vecino y las
asociaciones. Todos ellos inciden en cada persona al igual que los
mensajes masivos.
Los culturológicos opinan que ningún
medio tiene el poder “profético de interponerse a la gente. Por lo tanto, critican
el rating y las investigaciones cuantitativas. Esta teoría se opone a
la communication research funcionalista. Los culturológicos hacen hincapié en
el aspecto “burocrático” de las investigaciones funcionalistas, basadas en las
encuestas, en datos centrados en la cantidad, en la experimentación en
“laboratorios” que sacan a la gente de su contexto habitual.
Para los culturológicos no existe el
esquema estímulo-respuesta y la manipulación y la alienación no son tan fáciles
de lograr como lo planteaban los de la Escuela de Frankfurt.
Es decir que entre el estímulo y
la respuesta hay otros factores que intervienen.
Los emisores no tienen ya una forma
directa de conocer las respuestas. Para entender lo que sucede en
cada comunidad, los investigadores de comunicación tiene que “meterse” en
sus valores y en su ida cotidiana.
La búsqueda de la objetividad y de
conocimiento “externo” al investigador (como planteaban los funcionalista al
copiar a las ciencias naturales) ya no sirve. Se reconoce la subjetividad
de cada cultura y del propio investigador al acercarse a ella.
Tampoco sirve la deducción de la
superestructura ideológica a partir del análisis económico (como
planteaban los teóricos de la Escuela de Frankfurt) los
culturológicos saben que los valores sociales de la gente obedecen a causas
múltiples y complejas y no solo a la influencia del plano económico.
La teoría culturológica: trasciende el
modelo esquemático de comunicación (emisor-receptor) y piensa en lo social como
un acompleja red interconectada de valores sociales. Los medios masivos
plantean algunos mensajes pero las distintas culturas resignifican los
contenidos a partir de sus propios valores y sentidos sociales.
Vale destacar que estos teóricos
desarrollan su investigación durante las décadas del ´60 y el ´70. Los efectos
de la globalización no eran por entonces tan masivos y las diferencias entre
una cultura y otra (países, religiones, ciudades, comunidades) eran bien
marcadas y definidas. Hoy podrían cuestionarse algunas de estas “diferencias”
que parecen desaparecer detrás de la unificación centralización de las
informaciones a nivel mundial.
Teoría democrático-participativa o democrático-liberadora.
La
tradición normativa democrático-participativa busca cómo liberarse de las
clases dominantes, pero no desde el cambio social y la liberación económica y
material, como decía el marxismo clásico, sino desde el nivel cultural. Ella
enfatiza que la fuerza de los movimientos está en su poder cultural (evidente
desde los 1960). Ella representa el poder de soberanía de la audiencia de no
aceptar pasivamente la lectura dominante, sino de tener el poder de construir
libremente su significado de acuerdo a su identidad y contexto social.
El
público crea la cultura, al hacerse activo.
La
teoría normativa democrático-participativa trata de problematizar la realidad
detectando las contradicciones y se quiere liberar de ellas para crear una
sociedad más democrática. También se trata directamente de que todos puedan
hacer oír su voz en el foro público cultural, para lo cual se requiere
creatividad (vertiente política). Por su parte la audiencia construye
resignificaciones (vertiente cultural).
Teoría de la dependencia de los medios.
La
teoría de la “dependencia de los medios” (DeFleur and Ball-Rokeach 1989; cfr.
Sorice, 2005: 109) es una teoría funcionalista. Dice que cuanto más dependa una
audiencia de los medios masivos para información, y cuanto más esté una
sociedad en crisis, más poder tendrán los medios (o se les atribuirá más
poder).
Lo
común de estas teorías era la libertad responsable y funcional. El usuario
debía conocer sus propios derechos y deberes, pero también debía saber cómo
funciona la industria de los medios masivos, y qué hacer frente a programas
anti-sociales de violencia, sexo excesivo y prejuicios.
El
modelo dominante en el funcionalismo es el de los ‘efectos limitados de los
medios’ o modelo de los factores intermediarios: los efectos de los medios
están ‘limitados’ por los factores de ‘intermediación’ (desde el contexto
social al papel de los líderes de opinión en el doble flujo de la información)
(Sorice, 2005: 126).
Asimismo
la investigación principal funcionalista es sobre los efectos para poder
conocer el nivel de comprensión de las noticias, los efectos anti-sociales y
pro-sociales, el nivel de conocimientos transferidos en un programa educativo,
y el cambio de actitudes y de motivaciones que vienen de los medios masivos.
También se estudian los métodos de persuasión utilizados en las campañas de
información y en la publicidad, para lograr en poco tiempo cambios
comportamentales concretos. Finalmente se investiga sobre los factores que
influyen en la libre circulación de la información con variaas teorías, de las
cuales las tres primeras son típicamente funcionalistas: la teoría del vacío de
conocimiento (knowledge gap), la del espiral del silencio (Noelle-Neumann,
1984: 24-51; cfr. McQuail 1994: 331, 361-363; cfr. Sorice, 2005: 108), la
de difusión de innovaciones (Robinson,
1972: 71-93), la de agenda setting (Sorice, 2005: 105) y la teoría situacional
(Sorice, 2005: 112).
Teorías de Desarrollo con los Medios.
De las
teorías normativas mencionadas de sociedad surgen las teorías macros de
"medios, cultura y sociedad", en el marco de problemas concretos de
los diversos países:
Difusionismo:
el Primer Mundo quiere enseñar al Tercer Mundo
Comunicación
para el Desarrollo. El flujo equilibrado de noticias.
El
"Nuevo Orden Mundial de la Información y de la Comunicación" (NOMIC). El "Informe McBride".
Comunicación
popular. Comunicación de base. Comunicación
alternativa. Comunicación grupal liberadora (ECOD). Comunicación
dialógica. Políticas de comunicación.
Teoría del diálogo.
La llamada teoría del diálogo se
considera un área del conocimiento propia de las ciencias sociales; se
caracteriza por su enfoque interdisciplinario, y se ha usado, especialmente en
áreas como la filosofía, y la teoría de la comunicación; en ésta última para
conocer los enfoques lógico-formales de la conversación y sus posibilidades
como dispositivo aplicable a las ciencias sociales en los campos del
aprendizaje colectivo.
Para Buber el diálogo es una forma de
comunicación existencial; que parte de la esfera de lo interhumano, o como han
dicho los cognitivistas, de la intersubjetividad o la intercognición
(Najmanovich, Dabas, 1999).
La teoría del diálogo cobró fuerza en
la teoría contemporánea a partir de la filosofía del lenguaje y los análisis
sobre la lógica de la conversación (Grice, 1975; Walton, 2000).
Ahora bien, la llamada ‘Teoría del
diálogo’ como proceso de aprendizaje compartido, está basada en el trabajo de
tres pensadores del siglo XX: El filósofo Martín Buber, quien usó el término
‘diálogo’ en 1914, para referirse a una modalidad de intercambio entre los
seres humanos, que rescata el valor de las personas.
El psicólogo Patrick De Maré, quien
sugirió, en la década de los 80s, sesiones socioterapeúticas aplicadas a los
conflictos sociales.
El físico David Bohm, quien se refirió
a la “estructura tácita del pensamiento” en su libro “La Totalidad y el Orden
Implicados”; Bohm sugirió que el diálogo podía alentar un nuevo modo de prestar
atención que redundaría en ver supuestos incuestionados y con ello formar
pensamientos colectivos a partir del ejercicio de la conversación.
Teoría de las diferencias individuales.
En la teoría de las Diferencias
Individuales se centra en la psicología de las personas, ya que la
audiencia deja de ser una masa homogénea ya que cada miembro tiene características
que lo hacen diferente a otro, por lo que su conducta y su
personalidad pueden ser diferentes.
En esta teoría se explica que los
individuos tenderían a exponerse a los mensajes de los medios en función de sus
intereses personales y predisposiciones, gracias a esto se descarto la teoría
del supuesto impacto de los mensajes mediáticos ya que los individuos
recordaban mejor lo que les resultaba favorable.
Para esto se involucran 4 factores en
el momento de la comunicación:
El interés: es la motivación que
el destinatario posee con relación al tema del mensaje.
Memoria selectiva: el
destinatario recuerda mejor aquello que favorece sus propias opiniones.
Percepción selectiva: la
interpretación se produce en función de la predisposición, valores y actitudes
del receptor.
La exposición selectiva: el
interés de la audiencia se concentra en los mensajes que más se adaptan a sus
propias actitudes y valores, evitando lo internamente conflictivo.
Teoría de la difusión de innovaciones.
Se puede decir que Rogers (2003) define
la difusión como el proceso mediante el cual una innovación es
comunicada en el tiempo y difundida por determinados canales,
entre los miembros de un sistema social.
Esta difusión constituye un tipo
especial de comunicación, pues sus mensajes están encargados de difundir nuevas
ideas La teoría de la difusión de innovaciones propone, por lo tanto, cuatro
elementos que conforman el proceso de innovación:
La innovación misma, los canales de
comunicación empleados para la difusión, el tiempo de difusión de la innovación
y el sistema social donde se difunde la innovación.
Teoría de la disonancia cognoscitiva
El Profesor neoyorquino León Festinger
estudió y tradujo a una teoría psicológica que publicó en 1957 con el nombre
de The Theory of Cognotive Dissonance (La Teoría de la Disonancia
Cognitiva). Por “disonancia cognitiva” llama a la contradicción arriba
descripta entre el conocer-pensar y el obrar, contradicción que produce una
verdadera molestia al hombre, y que concluye que “debe existir después de que
una persona haya tomado una decisión entre dos posibilidades cuando ambas [le] son
atractivas” (pues, como dijimos, el hombre busca un bien en su obrar).
Según este psicólogo se busca que esta disonancia sea reducida mediante un
cambio en la acción (lo cual podríamos llamar más honesto y congruente) o en el
pensamiento, y a falta del primero se da éste, lo cual es muy común: cambiar la
opinión para que concuerde con el actuar, en lo cual se busca la tan ansiada
justificación que dé alguna coherencia a sus actos.
Este cambio de opinión no es
necesariamente total desde el principio, pero el neoyorquino señala que siendo
total es que más se reduce esta disonancia. Festinger menciona algunas cosas en
particular con las que el hombre se las rebusca para disminuirla sin tener que
cambiar de opinión, pues, como fue demostrado en un experimento que cita, si la
gente encuentra otro recurso menos drástico y más sutil para hacerlo recurrirá
a éste antes que a aquél. Estas cosas pueden ser una recompensa considerable
por determinado comportamiento cuya ejecución evitaría de seguir exactamente
sus principios u opiniones, también el deseo de impresionar bien a una persona,
o el de evitar una situación desagradable.
.

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